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Los vinos de Iowa en Montefioralle

¿Qué hacen dos botellas de vino producido en Iowa, Estados Unidos, en la mesa de degustaciones de Montefioralle? Es una larga historia, que empezó hace algunos años

La visita de Chris

Era el otoño de 2014 cuando Chris y su esposa Erin vinieron a visitarnos a Montefioralle para catar nuestros vinos. Mostraron una gran curiosidad y nos hicieron muchas preguntas. Recuerdo que Chris estaba muy atento e intentaba entender todos los detalles de la producción: de la gestión del viñedo a la vinificación. 

Durante la degustación, tanto él como Erin quedaron impresionados por la calidad de nuestros vinos y fue allí donde me reveló su sueño: quería producir vino en su casa en Iowa.

La petite pearl y la frontenac blanc

Para los menos expertos en viticultura, tenemos que precisar que las condiciones climáticas de Iowa son realmente adversas para el cultivo de la vid, sobre todo a causa de las rígidas temperaturas que se registran en este estado norteamericano. 

Por este motivo, el proyecto de Chris preveía la implantación de un viñedo de petite pearl, una variedad obtenida cruzando vitis vinifera y una vid nativa norteamericana, con el fin de obtener una cepa resistente a las bajas temperaturas, con un ciclo de maduración muy breve y resistente a las enfermedades (aquí encontraréis más detalles sobre la petite pearl)

El proyecto despertó mi curiosidad y le pedí a Chris que me mantuviera al día sobre el proceso. Así lo hizo: a lo largo de los años he recibido varios correos en los que me iba contando todas las etapas.

En 2015 Chris logra plantar ⅓ de acre (unos 1300 m²) de petit pearl y otros tantos de una cepa de baya blanca, frontenac blanc, fundando así su pequeñísima empresa: la Compass Hill Vineyard

La primera vendimia de 2017

Chris y Erin repitieron su visita a Montefioralle en la primavera de 2017 y nos contaron que habían conseguido plantar otro ⅓ de acre de petite pearl y que estaban esperando al otoño para su primera vendimia. ¡No veían la hora de empezar!

Y, en efecto, en septiembre de 2017 Chris me envió las fotos de la vendimia, ¡qué emoción! ¡Y qué rara es la petite pearl! Sus racimos son tan pequeños que caben en la palma de la mano.

La prueba del 9: la cata

Llegamos a 2019. Todavía era verano cuando me escribe Chris para decirme que volvería a Italia en el otoño y que esta vez no lo haría con las manos vacías: traería dos botellas del primer lote de sus vinos, una de Frontenac blanc y otra de Petite pearl. ¡Una noticia fantástica! Después de 5 años, por fin iba a satisfacer mi curiosidad.

Me reuní con Chris y Erin en Montefioralle un domingo. Estaban con dos amigos, Tim y Kirsten, que suelen ayudarles en la gestión del viñedo en Iowa. Y con ellos las dos botellas. En honor a la verdad, tengo que decir que, aunque los vinos se producen con la uva de la parcela de Chris al 100 %, por el momento se vinifican en otra bodega, la Covered Bridge Winery (en espera de que Chris consiga montar la suya).

Degustamos el Frontenac Blanc sentados en la mesa debajo de nuestra pérgola de Montefioralle, junto a un poco de aceite nuevo. Es un vino muy intrigante: esta variedad de origen alemán consigue mantener alta su acidez en un clima como el de Iowa, pero el trago no resulta débil y su pulposidad equilibra perfectamente la verticalidad del vino.

La botella termina en pocos minutos, justo el tiempo de salvar un trago para mi padre, Fernando, que se une a nosotros antes de desplazarnos a Greve para cenar en la Bottega del Moro. Allí, junto a los vinos de Montefioralle, probaríamos también el Petite Pearl.

El Petite Pearl en la mesa de los viticultores

Una vez en el restaurante descubrimos que en la mesa de al lado están sentados unos amigos de mi padre, Marco y Romolo, viticultores de Chianti Classico en Panzano y Radda respectivamente. Nace un continuo intercambio entre las mesas, cada uno ofrece sus propias botellas, y todos esperamos con curiosidad el vino de Chris.

Llega el momento de abrir el Petite Pearl. Emocionado, Chris abre la botella y lo sirve en las copas.

Es una auténtica sorpresa: un vino suave y envolvente que atenúa sus notas duras con un fruto rico y un tanino muy sedoso. Personalmente, puedo decir que tiene un carácter único y una fuerte identidad: nunca había probado nada parecido.

Un aplauso para Chris y su familia y para todos los amigos que lo han apoyado en este ambicioso proyecto.

¡Esperamos impacientes las próximas añadas!